SOS Posidonia y las amenazas de la posidonia – La amenaza fantasma

Formentera e Eivissa fueron las primeras islas en tomar conciencia sobre la importancia de salvaguardar las praderas de posidonia a finales de los noventa.

La posidonia, especie y hábitat natural, cuenta con un marco normativo estatal que transfiere la competencia sobre su protección a las comunidades autónomas. Es por tanto, responsabilidad del Govern garantizar la protección y la conservación futura de las praderas de posidonia.

A pesar de las múltiples denuncias de organizaciones ecologistas, así como de particulares concienciados, el Govern siempre ha dado el silencio por respuesta. Es hora de plantearse que el atentado contra la biodiversidad en Baleares sea considerado un delito medioambiental. El Mediterráneo cada día está más malherido, véase la sanción que la UE ha dictaminado contra España por el mal tratamiento de las aguas residuales.

La propia administración pública es la mayor enemiga de la posidonia. Las aguas residuales son la principal amenaza contra nuestra biodiversidad marina. Es una amenaza real y preocupante ya que los daños son más peligrosos y perpetuos. Sin embargo, para el Govern, el Estado y el resto de administraciones públicas es una amenaza fantasma. No pueden alegar que sea algo que no les compete.

En Baleares tenemos emisarios que abocan directamente al mar aguas residuales no tratadas, provenientes de depuradoras obsoletas y sobresaturadas, así como emisarios no controlados que vierten aguas fecales o lixiviados directamente al mar. Como ejemplo el emisario de Talamanca en Eivissa, que durante años ha vertido las aguas fecales al mar, por falta de valentía y voluntad política. Los efectos en Platja de Palma por la falta de depuración y saturación de la planta depuradora son más que conocidos desde hace tiempo: cianobacterias, cierre de playas, pérdida de bandera azul, mal olor, etc.

A finales de julio tuvimos en las Pitiusas una de las embarcaciones de Greenpeace. El barco “Esperanza” que como en la saga de Star Wars, intentó (y es pretencioso) neutralizar las amenazas que esta planta sufre en nuestras aguas. Su acción consistió en hacer un seguimiento durante un fin de semana, de cuáles son las amenazas más visibles.

En dicha labor estuvieron también organizaciones como Gen-Gob, Terraferida, Oceana y decenas de voluntarias y voluntarios ayudaron a hacer esa radiografía para tener una visión real de la preocupante situación de la posidonia y sus amenazas reales en las Pitiusas.

Además de las amenazas comentadas anteriormente, no podemos dejar atrás otras que han llenado titulares en los medios de comunicación como son las prospecciones petrolíferas, los plásticos, las especies invasoras o las prácticas pesqueras que destruyen el fondo marino.

Para atajar el problema necesitamos una auditoría real de la situación de emisarios; depuradoras de aguas residuales y de lixiviados de vertederos; desaladoras, es decir, del ciclo integral del agua; descargas ilegales de cruceros y yates; fondeos sobre praderas de posidonia o pesca de arrastre, entre otros.

Mientras esta auditoría se realiza, la administración pública ya puede ir atajando los problemas más acuciantes sobre aguas residuales, comprometiéndose a que en el plazo de tres años no llegue ni una gota de agua al mar que no haya sido tratada.

Eso no quita que se tomen las medidas legales necesarias para atajar los fondeos ilegales y tener el Decreto de posidonia aprobado este verano, sin esconderse tras estructuras u organizaciones sin competencias. Si el Govern quería tener seguridad jurídica tenía que haberlo hecho las consultas hace más tiempo

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