Pies de barro, una fecha para recordar

Hace diecisiete años, estaba en la hermosa ciudad de Barcelona y saltó la noticia, un atentado en Nueva York contra las Torres Gemelas, El Pentágono y un avión estrellado en Pensilvania, iba en un taxi, pasaba casualmente por el Paseo de Elisenda de Montcada y por delante del Consulado General de los Estados Unidos en Barcelona, fue cuando se anunció en una emisora, no recuerdo cual e indiqué al taxista que cambiara de dirección y marchamos mi esposa y yo hacia el hotel para seguir la noticia por las televisiones nacionales y extranjeras, este atentado evidentemente marco una inflexión en la política exterior de muchos países y sobre todo de los Estados Unidos, las muestras de repulsa fueron unánimes y empezó una tremenda lucha contra el terrorismo, que desgraciadamente aún no se ha erradicado, la cual trajo no pocos episodios discordantes.

Por la mañana, paseamos por el centro de la Ciudad Condal en su festividad del 11 de septiembre, visitamos el monumento a Rafael Casanova, Conseller en Cap de la  ciudad en 1714, convertido hoy en un icono de la independencia catalanista, partidario del Archiduque Carlos de Austria y que fue herido el último día de la batalla del asedio, igualmente un pequeño paseo por la Basílica de Santa Maria del Mar y como no, siguiendo a las comitivas visita al llamado Fossar de las Moreras, no nos encontrábamos en Barcelona por razones de la fecha, fue una coincidencia que como turistas aprovechamos para saber de historia, lo cual no lamento en absoluto.

Cuánta diferencia de aquella fecha al día 11 de septiembre de este año. Ayer los pelos, como en 2017, se me pusieron como escarpias, cómo puede ser que una celebración y recuerdo  de este tipo, se haya convertido en el símbolo de la división catalana, en la que menos de la mitad de los catalanes tienen secuestrados a la otra mitad. ¿Dónde ha ido a parar el sentido común de los políticos, catalanes o no, sobre este particular?

Es hora de tomar nota, por todas las partes, que no se está solucionando nada y con esta deriva aún menos, familias enfrentadas, ciudadanos apartados y boicoteados, Constitución y Estatuto vulnerado y personas pregonando que en España hay presos políticos cuando la realidad es que son políticos presos, no por expresar opiniones si no por saltarse la ley en todos sus puntos y hay otros políticos huidos de la justicia por no querer asumir su responsabilidad o por su cobardía presuntamente manifiesta, el silencio de la mayoría no independentista es razonable porque tiene miedo y el Gobierno es un gobierno débil y de oportunismo manifiesto, que tiene en el olvido a los ciudadanos constitucionalistas al menos aparentemente y estos ciudadanos son conscientes de la situación que no quieren empeorar, por otro lado, si salen a la calle, como los independentistas, con toda su fuerza y con su fuerza de la razón por lo que pudiera producirse. Tienen miedo a desestabilizar la situación y esto es de agradecer.

Entremos todos en razón, seguro que el futuro nos lo agradecerá.

A qué vienen las Torres con la Diada, simplemente aquellas no tenían los pies de barro y se cayeron, algunas ideas que hoy se defienden sí los tienen de barro y éstas pueden caer solas o engendrar aún más odio por la estulticia de unos gobernantes.

 

 

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