Actúa es un proyecto para la izquierda desencantada

Estas líneas se ven motivadas por el desconocimiento general que pueda existir ante el lanzamiento de Actúa en Baleares. Los primeros gestos de nerviosismo han partido de gente de Podemos y de Esquerra Unida, lógicamente. Sin embargo, se equivocan a todas luces al entender a Actúa como un adversario político, como un competidor que viene a explotar el caladero de Unidos Podemos. 

Actúa parte de una tesis que hemos comprobado de manera definitiva en las autonómicas andaluzas, y es que, hay sumas que restan y divisiones que multiplican. Si Unidos Podemos interpela a un electorado que ha comprado varias máximas irrenunciables en su discurso, como supone la Impugnación del llamado régimen del ’78 y la máxima de “cuanto peor, mejor”, es decir, primero situar todos los males en la Constitución del ’78, y segundo olvidar la correlación de fuerzas entre opciones políticas pensando que su posición impugnadora terminará siendo mayoritaria  en la medida que la población no aguante la situación socioeconómica y el deterioro del sistema político siga avanzando peligrosamente. Actúa como fuerza política interpela a un electorado de izquierdas que o bien se siente copartícipe de las conquistas de la transición y constitución del 78, o bien consideran que la correlación de fuerzas permiten reformas concretas,  y que tal situación no dan para una transformación del marco nacional y europeo. Un electorado que sin renunciar a ello, consideran que se puede producir una acumulación de fuerzas a partir de las reformas concretas. Una acumulación de fuerzas necesaria para conseguir una mayoría progresista y transformadora que enfrente los retos necesarios que necesita la crisis de régimen que, sin lugar a dudas, está aconteciendo. No vamos a eludir que tanto el encaje territorial, así como la jefatura del Estado han quedado por primera vez cuestionados tras las elecciones de 2015 y 2016, pero de manera insuficiente y tras un periplo errático se encuentran tales convicciones en franco retroceso social. 

Sin embargo, estos dos últimos elementos, el encaje territorial, a través de la cuestión catalana en mayor grado, así como el cuestionamiento de la monarquía parlamentaria de los Borbones en otro grado, han generado una reacción virulenta en la derecha, y a pesar de los cambios intestinos en la misma con la voz provocadora y juvenil de Pablo Casado, y a pesar del primer éxito en eso de desgajar al gran partido de la derecha cosechado por Ciudadanos, ha resultado inevitable que los sectores más reaccionarios y caducos hayan asomado la cabeza en forma y fondo de la nueva reacción conservadora internacional y europea, sumando eso sí, las peculiaridades de la tradición política española que nos retrotraen al franquismo y al falangismo militante y sociológico. 

Ya ha pasado otras veces en la historia, tras el fracaso de movimientos pretendidamente transformadores de la izquierda. Fracasos acontecidos siempre por la mala lectura de la correlación de fuerzas, consecuentemente, le han seguido movimientos reaccionarios y restrictivos en libertades y derechos. La realidad es que estos movimientos actuales, Le Pen, Trump, Brexit, Bolsonaro, o Abascal nos recuerdan mucho al fascismo, especialmente por su nacionalismo exacerbado, y aunque parece que carecen de un proyecto totalitario,  ya  se muestran como peligrosos autoritarios dispuestos a acabar con las democracias tal y como las hemos entendido. Basta recordar las condiciones de Vox en Andalucía, o el discurso de Bolsonaro que dice venir a “restablecer la tradición judeo-cristiana y a combatir la ideología de género”.  Aunque parece que estos movimientos vienen bien dirigidos por el gran Capital, de hecho, Stephen Bannon está detrás de todos ellos, su gran amenaza radica en que sus alianzas con los liberales están condicionadas, tal y como ha demostrado ya Abascal en Andalucía. Puede que al principio, estos gestos autoritarios encuentren grandes dificultades por la vía democrática de ser aplicados, sin embargo, toda la derecha corre el riesgo de verse fagocitada y sumida bajo su influencia: un nuevo Orden, que me atrevo a llamar neofascista.   

Para parar el avance de la reacción neofascita, y del engaño que ya han comprado los liberales hay que levantar del sofá a una izquierda que 1º no votará al PSOE por un rechazo histórico. 2º No votará a Unidos Podemos, porque las lineas maestras de su discurso no los interpelan. Que este espacio electoral que tradicionalmente pudo oscilar entre el PSOE, e IU salte por los aires genera tal destrozo aritmético que las propias fuerzas de izquierdas, tanto PSOE como Unidos Podemos deberían de colaborar en la reconstrucción del mismo, apoyando la marca Actúa. O podemos ver cosas como la de Andalucía por toda la geografía española. Ahora Susana Díaz y Teresa Rodriguez podrían plantearse lo bien que les hubiera venido tener un tercer partido con sus escaños que apuntalará un posible gobierno de izquierdas. Espero que en Baleares los actuales dirigentes de la izquierda tomen nota y no encuentren a Actúa como una fuerza competidora. Pues Actúa no es, ni quiere ser un partido “atrapalotodo”, sino que somos gente huérfana en la izquierda en busca de un partido que nos represente.

Eduardo Sánchez

Candidato de Actúa al Parlament Balear por Mallorca.  

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