La verbena nacional

Oh que alegría hay empiezan las fiestas más grandes del pueblo. Ni fin de año, ni Semana Santa, ni Reyes, ni las patronales de cada localidad, ni las fiestas mayores de los pueblos… Hoy empieza la fiesta de la democracia. Hoy empieza, si no me equivoco, los prolegómenos de la fiesta de la democracia, el pistoletazo de salida de la campaña electoral, para elección de los representantes del pueblo para el gobierno del pueblo. Hoy gente remilgada y otra cateta, ambos grupos  inspiradas sus personas, unas por intereses propios y los menos por  vocación, van a llenar simbólicamente, porqué más bien van a ensuciarlas, las calles con los carteles de su campaña electoral acompañados de la colección de sus palmeros correspondientes, llenos los unos y los otros de ínfulas indiscutiblemente en algunos casos mal sanas y en las de otros llenas de la inocencia propia de los que aún creen en las promesas sustanciales o insustanciales de los partidos políticos. En fin hoy nace la verbena de la democracia y no me refiero precisamente a la planta herbácea de flores de variados colores con ásperas hojas en sus tallos, que aparecen en estas fechas por los pocos bosques que nos quedan, me refiero a la fiesta de los filisteos que se creen gurús o sabios de las ideas, y máxime cuando los mismos no ven viable, y lo saben, su ejecución.

Llenaran la cabeza de falsas ilusiones a la gran cantidad de ilusos que hoy aún existen o de los mismos que aún engañados y seducidos por campañas anteriores tienen la esperanza de tener un gobierno a la altura de las circunstancias.

A mí me asustan estas personas y más que ellas los políticos que aprovechándose de las debilidades de los demás se atreven a prometer avances y cosas imposibles de conseguir, defraudando después en el gobierno que se les ha puesto en sus manos una parte del pueblo o bien abducido de falsas promesas o cansino de que todo siga mal como hasta hora.

Yo no acudiré a ningún mitin, no voy a escuchar los cantos de sirena de los demagogos, algunos, ni tampoco de los partidos clásicos que hasta la fecha nos han gobernado por nuestra voluntad, aunque a veces el pueblo se equivoca, ni menos aún de los emergentes populistas de un lado o de otro que prometerán, sin lugar a dudas el oro y moro aunque posiblemente sólo tengan seguro lo del moro.

La verbena está servida, allá quien vaya a la misma y se deje deslumbrar por las promesas que no se podrán cumplir, yo si iré a votar, aún no se a quién, se a quien no lo haré, pero no palmearé a ningún partido.

Todos conocemos la trayectoria de todos y como han encajado en la ideología de cada uno de cada uno de nosotros. Ahora nos queda el decidir y el pensar, y no ser el cordero de la manada. Tampoco el cabestro de turno, no podemos equivocar si no sabemos llevar a los bravos por el camino correcto.

Una petición cuando termine la campaña electoral, gane o no ganen, limpien los partidos de inmundicias las calles y las paredes. Ah, buena campaña a todos y que gane la paz y la tranquilidad.

 

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