Casas de comida, restaurantes, camareros y transportistas

De un tiempo a esta parte, no por placer, mejor por necesidad sobrevenida, solemos comer muchos días fuera de casa.  Evidentemente la economía de un mortal del montón, no te alcanza para utilizar los servicios de restaurantes de postín a diario pero si de algunos locales llamados de esta forma que más que un restaurante son las antiguas casas de comidas, que no lo que hoy llamamos figón, o las antiguas fondas que ya no quedan, al menos que recuerde, como la que antiguamente existía en Felanitx y que curiosamente llevaba el apellido de su propietario “Sobera”.

En algunos sitios se mal guisa y prometes no regresar, en otros el vino de cartón, en botella de cristal es más que deleznable, también las hay que por vista no entrarías y sin embargo la familiar comida que sirven está para chuparse los dedos, cosa que la Sra. Carmen Lomana ve de muy mal gusta, pero no comer en estos sitios, las gambas congeladas con los dedos.

Que manía en llamarse restaurante y publicitarse de esta forma estos lugares, algunos entrañables, que no visitas para darte el placer de un banquete, pero si para cubrir la necesidad fisiológica de la comida, y que gran engaño de algunos que llamándose de esta forma, restaurante, sirviendo cabalmente menús y carta de precios desorbitados, con personal encorsetado, no pasan de ser medianamente una casa de comidas.

Una humilde fonda, o una casa de comidas, es a veces un lugar más placentero que un sofisticado restaurante, tanto por su cocina como mayoritariamente por su personal, y de haberlos los hay, más de los que creemos y de los que pensamos.

Cual es esta razón, simplemente la calidad de humana de su personal y la honestidad de su cocinero o cocinera, más bien lo segundo por su trabajo bien hecho y su inmejorable servicio.

La restauración hoy y más aún en los mal llamados restaurante “de lujo” adolece de un tremendo defecto, su personal. Así de claro en mi opinión, en la mayoría de los casos, un falta de profesionalidad inadmisible en el servicio echa por los suelos todas las buenas expectativas que tienes a priori del lugar y algunas veces también la comida con excesivos perifollos, aludiendo a los adornos de la misma no en si a la planta. Si el personal que en lugar de camareros se asemejan a trasportistas, en el buen sentido, que te portan el objeto sin más ritual ni historia. Lamentable.

Un mal servicio, un excesivo costo y una presuntuosa cocina convierte tu ilusión en estos restaurantes en una terrible experiencia y una comida digna, al estilo de la abuela, acompañada de un vino cabal de una de tantas D.O. reconocidas, convierten estas casas de comidas y fondas en el mejor regalo que podemos tener.

No seamos tan presuntuosos y llamemos las cosas por su nombre, Restaurante a los buenos restaurantes con personal debidamente cualificado, a las casas de comidas lo que realmente son y a las fondas devolvámosles  la tradición que les corresponde, éstas con un buen servicio, no con trasportistas sin formación hostelera, pueden darnos gratas sorpresas, los restaurantes mayormente decepciones.

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