La Mallorquina celebra sus 125 años de historia en la Puerta del Sol

Como dice el dicho: “De Madrid al cielo…pero pasando por la Mallorquina”
Como dice el dicho: “De Madrid al cielo…pero pasando por la Mallorquina”

La mítica pastelería de La Mallorquina ha celebrado este miércoles su 125 aniversario en la Puerta del Sol y ha anunciado la apertura de dos nuevas tiendas este año en Madrid, que estarán ubicadas en El Rastro, abierta los domingos, y en la calle Hermosilla. El director general, Ricardo Quiroga, ha agradecido a todos sus clientes la continuidad del negocio, así como a los empleados, ya que algunos llevan más de 40 años trabajando en la compañía.

En este sentido, ha afirmado que la pastelería es una de los pocas que lleva funcionando durante tres siglos. «Sus orígenes fueron tres mallorquines que se vinieron a Madrid y trajeron sus productos», ha apuntado.

Dos nuevas tiendas en El Rastro y Hermosilla

Por otro lado, Quiroga ha explicado que se pondrá en marcha, en primer lugar, un local de la Mallorquina en una zona «castiza» de Madrid como es El Rastro, que abrirá de momento solo los domingos a partir del 14 de julio, en la calle Mira el Río Baja, 21.

De la misma forma y en septiembre, La Mallorquina se traslada a el barrio de Salamanca, en la calle Hermosilla, 30, esquina con la calle Velázquez, que tendrá un obrador propio y una nueva línea de productos. Junto a estas novedades, ha anunciado el lanzamiento de una nueva edición de napolitanas para el segundo trimestre del año.

En este sentido, Quiroga ha asegurado que conservan el nicho de mercado de la pastelería tradicional evolucionada y en cuanto a la decoración de las nuevas tiendas, ha mantenido que ha evolucionado «un poquito» aunque no cambia la esencia.

Asimismo, han rebajado la cantidad de azúcar en casi todo los productos y se han buscado elementos sustitutivos, que se mejorarán en las nuevas tiendas.

Productos destacados y evolución del comercio

Entre sus productos más destacados ha señalado la sobrasada, las napolitanas, las ensaimadas o los embutidos que se pueden encontrar en el local de Sol y que fue «un centro de reunión para eruditos como Miguel de Unamuno, Pío Baroja o Benito Pérez Galdós«, así como dirigentes políticos.

Además, fue la primera pastelería que comenzó a introducir en España productos que hasta el momento no se consumían en la capital como el tradicional roscón de reyes o las ensaimadas.

Testigos de la vida de la ciudad durante 125 años

Quiroga ha hecho un repaso por la historia del comercio y ha afirmado que se pasaron «momentos difíciles» durante la Guerra Civil, cuando les faltaban alimentos esenciales como azúcar o harina. A partir de los años 50, se remodeló la tienda, si bien ha afirmado que se ha conservado la estructura original del local. Es a partir de los 60, cuando se empiezan a realizar tartas y diez años después trufas con «innovación y calidad durante toda la existencia«.

«Hemos sido testigos de toda la vida de la ciudad durante 125 años. La Puerta del Sol ha ido evolucionando y quedan pocos comercios tradicionales, pero hemos sabido mantener la exigencia de los consumidores«, ha señalado el director, que ha destacado que «a Madrid le faltaría algo» si no existiera La Mallorquina.

De la misma manera, y en cuanto a las restricciones de tráfico de la zona centro de la capital, Quiroga ha señalado «no han notado ningún tipo de cambio» en sus ventas y que siempre han aguantado todas las reformas que se han realizado tanto en el centro de la capital como en la propia Puerta del Sol.

«Historia viva»

También, ha recalcado que el local es «historia viva» de la capital y que ha sabido adaptarse tanto al consumidor tradicional como a las nuevas demandas de los turistas. En él, se hacen más de 250 referencias por día, en un obrador en el que trabajan más de 25 personas. «Estamos intentando mejorar, buscar nuevos productos, estar en tendencia«, ha señalado Quiroga.

Por último, ha acudido a esta celebración el director de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Manuel Blanco, que ha hecho énfasis en la importancia de los olores, los sabores y el tacto de estos edificios tradicionales. «Mi clase siempre acaba diciendo que hay un rincón en Madrid que huele a napolitanas«, ha afirmado, y ha destacado que los productos locales «marcan la diferencia«.

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