Felices desgraciados

Todos alguna vez, o quizás muchos, tenemos o hemos tenido nuestras horas bajas, días, semanas, meses o años con situaciones sobrevenidas que nos han hundido física o mentalmente, algunos han perdido el faro de la esperanza y otros se han simplemente resignado a vivir con las tinieblas de su existencia mientras que una mayoría demuestra su grandeza de espíritu y lucha bravamente para salir del bache cotidiano de su existencia, un abanico muy grande de situaciones personales presuntamente irresolubles que un día, quizás el que menos esperan,  aparece en el firmamento el arco de San Martín lleno de sus generosos colores que anuncia el fin de la tormenta que ha asolado la existencia desgraciada atravesada. Las nubes se despejan y sale el sol radiante anunciando un resurgir vital del reloj físico y espiritual.

Algunos se han acomodado a la adversidad como si la misma no fuera con ellos, no sé si es grandeza de espíritu o falta del mismo, resignación pura y dura o simplemente que son unos felices desgraciados o desgraciados felices.

También existen aquellas personas, ya no tan felices ni desgraciadas, que de su necesidad hacen, oídos castos ciérrenlos, su modus vivendi, y sin dar palo al agua beben y comen de la bondad pública o privada que abre sus puertas a la generosidad desinteresada de su trabajo, ideología o de su propio bolsillo y estos que con su actuación viven desgraciadamente felices, quitando, quizás el sustento a personas o familias más necesitadas que ellos.

Es decir los felices desgraciados, viven de la desgracia ajena y de la caridad de los justos, aunque algunos no lo sean, que les dan su caridad física y algunas veces también moral.

Hoy no estoy moralista, estoy quizás en horas, días, semanas o meses bajos que me hacen reflexionar y esta vez en voz alta, a alguien podre molestar pero mi conciencia quedará tranquila y esto me basta.

Hay muchas entidades, la mayoría privadas, que están haciendo una gran labor de ayuda a estas personas o familias sin recursos y precisamente llegan dónde las públicas desgraciadamente no alcanzan, pero todas (una gran mayoría con alguna excepción) adolecen de un mismo fallo, me consta que han existido y existen movimientos transversales para solucionar estos problemas comunes, que algunas entidades obvian, no me atrevo a decir por razones ocultas pero si por su ego social mal entendido, este mal, mal conocido da ventaja a la picardía de los felices desgraciados, que de haberlos los hay y bastantes, recibiendo ayuda de varias de esta entidades a vez y después revenden esta ayuda recibida o parte queda en los contenedores de basura. No les culpo a ellos, lo hago a las entidades que no desean compartir la información necesaria para evitar estos abusos, de los felices desgraciados, que más que desgraciados son explotadores de la bondad de terceros.

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