La leyenda del ‘Salt de la Bella Dona’

El 'Salt de la Bella Dona', una de las leyendas más populares de la cultura balear
El 'Salt de la Bella Dona', una de las leyendas más populares de la cultura balear

Una de las leyendas más populares de la cultura mallorquina es la del ‘Salt de la Bella Dona’. Una historia que ha sido transmitida de generación en generación hasta llegar a nuestros días. Probablemente, el caso de violencia machista más conocido del folklore balear. Un relato que siglos después se repite una y otra vez en nuestro país, reemplazando la mística del lugar por escenarios más mundanos y con fatales desenlaces.

En una semana marcada por Halloween, en Mallorca Confidencial les invitamos a viajar en el tiempo a través de nuestro Delorean para conocer una de las narraciones más tradicionales de la Isla.

Un asesino perdonado por la Verge

Cuenta la leyenda, que en una aldea  cercana al camino que unía Inca con el Santuari de Lluc, vivía una bella joven. La chica era muy devota de la Verge de Lluc así que, cuando podía, visitaba el monasterio para poder rezar ante los pies de su estatua.

Conocedor de su devoción, su amado le propuso visitar el Santuari. Evidentemente, ella accedió. Así, una tarde, ambos partieron desde su localidad cargados de viveres y provisiones en las alforjas de su asno.

Durante el largo camino, el hombre no articulaba ninguna palabra. Estaba callado, perdido en sus pensamientos. Los celos se habían apoderado de él. Los halagos y los piropos de los vecinos de la aldea a su amada le estaban volviendo loco. No se fiaba de nadie. Tampoco de ella.

Poco a poco, el cansancio empezó a hacer mella. Agotados, decidieron hacer una parada en el camino, junto al desfiladero de Es Grau, desde el que se podía divisar toda la llanura de Es Raiguer de la Isla, de este a oeste. En un momento dado, mientras ella estaba abocada al precipicio, el joven se acercó por detrás para empujarla al vacío.

Cuando dejó de oir los gritos de su amada, el asesino emprendió en solitario el camino hasta el Santuari. Estaba abatido, lleno de remordimientos. Para su sorpresa, al llegar, encontró a la joven rezando frente a la esfinge de la Verge. Corrió hacia ella para abrazarla y pedirle perdón. La chica aceptó su arrepentimiento y según cuenta la leyenda, la propia imagen de la virgen levitó ante ellos, haciéndoles entender que ella también le había perdonado.

Una misteriosa presencia

Algunos testigos aseguran en la actualidad haber visto a un chica joven de cabellos dorados y piel blanquecina con un vestido claro que los observaba llorando durante la puesta de sol. Todos ellos, coinciden afirmando que cuando se acercaban para preguntarle si necesitaba ayuda, la mujer se desvanecía ante sus propios ojos.

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