El Comte Mal y su eterna condena

La leyenda ha sido transmitida hasta llegar a nuestros días
La leyenda ha sido transmitida hasta llegar a nuestros días

En 1820, el estadounidense Washington Irving publicó ‘La leyenda de Sleepy Hollow’, un relato corto de terror y romanticismo en su colección de ensayos e historias cortas ‘The Sketch Book of Geoffrey Crayon’. La historia se sitúa en 1784, en los alrededores del asentamiento neerlandés de Tarry Town, en un apartado valle llamado Sleepy Hollow conocido por sus historias de fantasmas y el ambiente embrujado que impregna la imaginación de sus habitantes y visitantes. El espectro más infame del lugar es el Jinete sin Cabeza, de quien se dice que es el fantasma de un antiguo soldado hessiano al que alcanzó una bala de cañón en la cabeza durante «alguna batalla sin nombre» de la Guerra de Independencia de Estados Unidos y que «cabalga hacia la escena de la batalla en una nocturna búsqueda de su cabeza».

Más de un siglo antes, en Mallorca ya existía un caballero fantasmagórico cabalgando de noche en busca de venganza: el Comte Mal. La adaptación mallorquina del Comte Arnau de Catalunya, estaba condenado a vagar durante toda la eternidad como un alma en pena sobre un caballo negro, al que le salen llamas por la boca y los ojos, para redimir sus fechorías. 

La leyenda del Comte Mal

Este personaje legendario, en Mallorca se identifica con Ramon Burgues-Safortesa Pacs-Fuster de Vilallonga i Nét, segundo conde de Santa Maria de Formiguera (1627-1694), señor de las caballerías de Hero, Santa Margalida, Alcudiola, Maria, Puigblanc, Castellet y Tanca y de la alquería de Galatzó en Calvià.

Según cuentan, a los 12 años heredó de su padre dos litigios. Uno era la pretensión de cobrar tributos basados ​​en concesiones reales a su favor sobre las tierras comunales de Santa Margarita. El otro, ejercer la jurisdicción civil y criminal sobre los habitantes de sus caballerías, la mayoría de ellos vecinos del pueblo. Las peleas, los muertos y los heridos, los abusos a la autoridad y el miedo que reinó durante todos aquellos años probablemente generaron el apelativo de Mal que acompañó al nombre del conde.

El Comte Mal perdió sus litigios con el municipio Santa Margalida, pero se llegó a convertir en un personaje relevante de la Mallorca de su época. Los mallorquines, sin embargo, le atribuyeron la leyenda del Comte Arnau de Catalunya e incluso cambiaron la letra de su popular canción.

La leyenda señala que el Comte Mal aparece en el Puig de Galatzó, una de sus propiedades, sobre un caballo negro envuelto en llamas para redimir sus fechorías tales como relacionarse amorosamente con una monja o no pagar las deudas prometidas.

Obsesionado por una monja y ayudado por el Diablo 

En el Palau de Can Formiguera, su residencia en Palma que está situada al lado de La Seu, en concreto en la calle de la Portella, el folklore asegura que el Comte Mal hizo construir, con la ayuda del diablo, la torre que caracteriza este edificio para poder contemplar su amada, una monja llamada Margalida del convento de las Clarisses. Cuentan que esta torre se iba haciendo tan alta que los jurados de la época, escandalizados, detuvieron las obras y obligaron a rebajarla.

No obstante, la tradición relata la existencia de una galería subterránea que comunicaba el convento con la casa.

Leyenda y realidad entremezcladas, gracias a la literatura del siglo XIX y a una tradición oral, han convertido al Comte Mal en uno de los mitos más conocidos de la cultura popular en la Isla.

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