«Cada vez que intento dormir, oigo las llamadas de las amigas de mi hija»

Familiares y amigos de Paula reclaman justicia (Foto: David Gálvez)
Familiares y amigos de Paula reclaman justicia (Foto: David Gálvez)

Los padres y el hermano de Paula Fornés, la menor atropellada mortalmente en Sa Ràpita por una conductora borracha durante la Nit de Sant Joan de 2018, han comparecido este  como testigos en el juicio que ha arrancado este martes en Palma. La Fiscalía solicita una condena de cinco años de cárcel -cuatro por un delito de homicidio imprudente y uno por falsedad documental, ya que usaba un carné de conducir falso- para para Renata G., la mujer de 45 años y nacionalidad polaca que arrebató la vida de la adolescente y después se dio a la fuga. La acusación también demanda que se le imponga una sanción de 29 meses a razón de seis euros al día. 

Los familiares directos de la fallecida han explicado que desde el accidente están en tratamiento psicológico y que les está costando mucho rehacer sus vidas. «Cada vez que intento dormir oigo la llamada de las niñas que me llamaron esa noche», ha contado Biel Fornés, el padre de la joven que tan solo tenía 15 años de edad.

Una auténtica pesadilla que se repite día a día

El hermano de la víctima ha explicado que acababan de hacerle fijo en su empleo y que fue despedido como consecuencia de si situación de baja laboral. La familia también ha apuntado que el juicio les obliga a revivir esta situación. «Hace que vuelvas al minuto cero», ha señalado la madre.

Los padres y la hermana de la víctima han tenido que abandonar la sala en el momento en el que el guardia civil que se personó en el lugar del accidente explicaba cómo encontraron a la víctima. El agente y su compañero iniciaron las maniobras de reanimación, pero fue en vano.

Paula Fornés en una retrospectiva con sus compañeras de colegio (Foto: Facebook)
Paula Fornés en una retrospectiva con sus compañeras de colegio (Foto: Facebook)

Un testigo cuenta cómo persiguió el coche de la acusada, quien «no se aguantaba de pie»

Por otra parte, un testigo ha contado este martes en el juicio cómo persiguió el coche de la acusada del atropello, que huía del lugar del accidente, y ha asegurado que cuando dieron alcance a la mujer, ésta presentaba claros síntomas de embriaguez. «Olía a alcohol y casi no se aguantaba de pie», ha declarado.

El joven ha explicado que iba de copiloto en un coche cuando se cruzaron con el vehículo de la mujer, que les llamó la atención porque llevaba un fuerte impacto en uno de sus lados y una luz fundida. «Le comenté a mi compañero: Ése coche se acaba de llevar algo por delante», ha narrado.

Unos metros más adelante vieron a las amigas de la víctima y a la joven en el suelo, y, dado que otras personas ya las estaban auxiliando, decidieron perseguir el coche que se habían cruzado, asumiendo que era el responsable del accidente.

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Los dos testigos han reconocido a la acusada como la persona a la que retuvieron

Encontraron el coche de la mujer detenido en un parque de Sa Ràpita, y a la mujer comprobando los desperfectos del vehículo. Los dos amigos se separaron: al ver que se dirigía al volante, uno de los testigos se bajó de su vehículo para impedir que huyera, y el otro regresó al lugar del accidente. El primero le quitó las llaves del contacto para evitar que escapara, y la retuvo hasta que llegó su amigo con la Guardia Civil.

Los dos testigos han reconocido a la acusada como la persona a la que retuvieron. El que se quedó con ella ha mantenido que la mujer le preguntó, en castellano, qué había pasado, y que en todo momento le habló en español. Esto contradice la versión de la defensa, que asegura que la mujer no entiende español, por lo que su abogado impugna la prueba de etilometría alegando que no se le informó de sus derechos.

Sin embargo, el joven ha sostenido que ella no sólo le entendió, sino que incluso la oyó hablar por teléfono con otra persona en español. Él le informó de que se había «llevado por delante a una niña», pero eso no provocó «ninguna reacción», en la mujer.

La muerte de Paula Fornés en la noche de Sant Joan causó un gran impacto entre la sociedad mallorquina
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«Tiene el carnet retirado, ahora ya sabe lo que le toca»

Una conductora que auxilió al grupo de menores ha contado que la víctima tenía mucha sangre en la cabeza y que sus amigos estaban llamando al 112, Sin embargo, «estaban muy nerviosos» y dando «indicaciones confusas» por lo que tomó ella el teléfono para hablar con emergencias. «Yo no soy médico, pero me parecía que estaban tomando el pulso incorrectamente, detectaban su propio pulso, y le decían al 112 que tenía pulso. Y yo creo que en ese momento la chica ya no tenía pulso», ha dicho.

Esta mujer oyó a un hombre que se personó en el lugar, que parecía conocido de la acusada, comentar que la conductora «tiene el carnet retirado», que no era la primera vez que le ocurría y que «ahora ya sabe lo que le toca». La testigo también recogió restos de un retrovisor que entregó a la Guardia Civil.

Otra conductora ha contado que se cruzó con un coche oscuro, como el de la acusada, haciendo eses y a gran velocidad, y que eso le obligó a realizar una maniobra brusca para evitar chocar porque invadió su carril.

Interpol informó a la Guardia Civil de que la acusada por el atropello no tenía permiso de conducir

La oficina de Interpol en Varsovia informó a la Guardia Civil de que Renata G., no tenía permiso de conducir, y de que el que había entregado adolecía de irregularidades. «Es decir, que es falso», ha explicado el agente que hizo la gestión, quien ha declarado como testigo en el juicio.

La Guardia Civil contactó con las autoridades polacas a través del Sistema de Información de Schengen. Se les remitió una fotocopia del permiso que la mujer entregó a la policía cuando fue detenida la noche de los hechos, el 24 de junio de 2018. El documento tenía fecha de 1998.

Según los registros de Polonia, la mujer no tenía ningún permiso de conducir. Además, la Interpol, tras hacer una consulta a las administraciones locales polacas, incluyó en su respuesta al requerimiento de España una observación destacando que el condado que figuraba en el documento no podía ser el expedidor del mismo. La mujer era de otro condado, y por tanto le correspondía expedir el permiso a otra administración. «No tiene base legal», ha apuntado el guardia civil.

Por otra parte, la Policía Local de Campos comprobó que el coche que conducía la mujer -que presentaba un fuerte impacto en uno de sus lados- no tenía seguro en vigor.

El hermano de Paula llora desconsoladamente cuando su madre coloca las flores donde Paula fue atropellada mortalmente
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La Policía mantiene que hablaba castellano

Por su parte, los agentes de la Policía Local y la Guardia Civil que detuvieron a la acusada han mantenido que la mujer les entendía cuando le hablaban en castellano sin ninguna dificultad, y que aunque hablaba poco, lo hacía en español, si bien se notaba su acento extranjero. «Nos entendíamos perfectamente», ha enfatizado un policía local.

Los cuerpos policiales han defendido que se le informó de que iba a ser sometida a una prueba de etilometría, a lo que no planteó objeción, sino que la realizó «voluntariamente» y sin oponer resistencia. La prueba dio positivo.

Además, la Policía Local ha asegurado que se le informó de sus derechos -en castellano- y que ella los entendió, puesto que incluso quiso ejercitar algunos de ellos, como solicitar un médico o un abogado de oficio.

El agente de la Policía Local que intervino ha reconocido que la mujer solicitó un intérprete, pero que no lo llamaron puesto que «llevaba varias horas hablando español». Este funcionario también ha apuntado que la acusada les facilitó el número de teléfono de su hija.

Cabe resaltar que la defensa de la acusada impugna la prueba de alcohol, que dio positivo, alegando que no se le informó adecuadamente de sus derechos porque no entiende el idioma. La mujer sostiene que no habla castellano, a pesar de que llegó a España hace siete u ocho años.

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