Siete días de enero

No se trata de parafrasear la célebre película de Juan Antonio Bardem de 1979, nada de mí escrito, hoy llamémosle reflexión en lugar de opinión, tiene que ver con el séptimo arte.

Hemos saltado de un año a otro, para muchos con alegría y para otros con tremenda tristeza y gran pesar.

No estuve en mi tierra el día 31 de diciembre, desde hace años esta fecha es difícil para mí y ésta última aun lo ha sido más.

En mi opinión la fatalidad, superstición o casualidad no existe, lo que existe son los hechos y circunstancias que bautizamos de la forma que más nos agrada en función de cómo se desarrollan, dado que los mismos no dependen de nuestra voluntad ni de nuestro deseo, son hechos y debemos aceptarlos de la mejor forma y manera con la expresión de los sentimientos que ellos nos producen.

El día 31 de Diciembre de 1998, hizo por tanto veintiún años, falleció mi madre, desde entonces esta fecha sufrió en mi vida y en la de mi familia y muy especialmente de mi esposa, se convirtió en una fecha agridulce aunque seguimos celebrándola con la ilusión que la misma tradicionalmente conlleva, incluso el 98 se abrió la típica y tópica botella de cava a las doce de la noche aun cuando mi madre falleció escasamente cuatro horas antes y descansaba ya en una fría cámara del tanatorio.

Este pasado 31, lo pasé lejos, no abrí ninguna botella de cava ni tome las doce uvas, mi esposa había fallecido el dos de diciembre. El mismo mes la parca malévola cerceno dos de los pilares más preciados del sostén de mi vida, el diciembre del 19 mi esposa, el diciembre del 98 del siglo pasado mi madre.

He dicho que no creo ni en casualidades, ni en supersticiones ni el fatalidades, es el sino de la vida y que debemos aceptar.

Estos 7 días de enero han sido también duros y reflexivos, del pasado 27 he deambulado por la tierra de mi esposa, me he impregnado de sus paisajes del Pirineo hasta las áridas tierras de la plaza turolense y de los desérticos Monegros  a caballo de Huesca y Zaragoza, del fervor a la Virgen del Pilar, que en un 2 de enero de principios de nuestra era, se apareció a San Pedro sobre un pilar de Jaspe a la orilla del Ebro, y éste día, a las 6 de la tarde en la Basílica y en su Capilla de la Virgen del Pilar, se ofició una Misa Funeral exclusivamente en su sufragio para la familia aragonesa con la una gran sorpresa personal que no viene al caso en este momento.

En mi OPINION siete días dan para mucho, sean de diciembre o de enero, creo que todos debemos aprovechar el momento en mejorar nuestro pensamiento y echar fuera nuestros demonios que al fin y al cabo nos hacen infelices a nosotros y muchas veces desgraciados a los que nos rodean. No valen los sacrificios, vale la reflexión, la honestidad, el cariño y el amor no solo a las personas que nos rodean simplemente a la humanidad con la que muchas veces nos discutimos y nos enfadamos, si a ella le diéramos aquello que para nosotros queremos, seguro que no habría 7 días de enero ni otras fechas tan tristes en nuestras vidas.  Mi reflexión sirve hoy para OPINION.

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